
El invierno sigue su curso y, a pesar de que la primavera quiere avanzar, aún sentimos sus rigores (ya se sabe, febrerico el corto, un día peor que otro) A la chavalada parece no afectarle la situación climática y son capaces de sacar lo mejor de cada momento disfrutando de juegos y compañía mutua, como vemos en este tercer título de la colección de libros silentes de la editorial, Akimira, que llega a nuestras manos, “Jugamos en la nieve”.
Naturaleza, amigos, juego libre sin adultos que te recuerden que te puedes acatarrar, instantes de diversión pura, alguna peleilla, algún susto… como en títulos anteriores la autora tiene el acierto de saber reflejar situaciones y momentos que constituyen lo que debería ser la infancia y que a la vez despiertan en el lector adulto recuerdos de otros momentos pasados.
Y es que Verónica Fabregat, con su trazo limpio y la estética engañosamente sencilla que generan los lápices de colores, que posteriormente retoca de manera digital, consigue trasladar estas vivencias al papel, pero tanto o más importante es la secuencia escogida para las imágenes, que constituyen uno de los ejes principales de los libros sin palabras.
Las imágenes creadas y cómo se presentan aportan el sentido a una historia que el lector tendrá que articular según su experiencia, dejando espacio para que la mirada de cada uno aporte a la narración y construya relatos diferentes. Estos álbumes no tienen una edad definida, han roto esa frontera y los puede disfrutar un lector adulto tanto como uno de menor edad. Esto, unido a la preciosa edición escogida para la colección, editado en holandesa, con lomo de tela y plafones y cubierta serigrafiada, nos reafirma al pensar que es un libro delicioso que se puede disfrutar a cualquier edad. MB


